¿Desde donde parten nuestras tareas? ¿Cuál es el verdadero origen? En mi caso el origen de mis tareas claves se origina en mi Roadmap. Desde el inicio del año, elaboro un Roadmap con los objetivos que deseo alcanzar en mis próximos 365 días de trabajo. Este Roadmap se divide en objetivos trimestrales: Q1, Q2, Q3, Q4. Cada trimestre tiene por tanto unas tareas clave que deben ser divididas y priorizadas, como siempre 🙂

Evidentemente las tareas clave que se proponen en un Roadmap son objetivos complejos, es decir, pueden requerir de más de una tarea para ser alcanzados. Una vez diseccionadas nuestras tareas clave para un trimestre, podemos separarlas en meses y así en semanas. Es posible que en un mes haya dos objetivos primordiales, por tanto, hemos de gestionar nuestro tiempo para:

  1. Conseguir mis objetivos de Roadmap
  2. Compatibilizar el punto anterior con las tareas diarias.

Mi GTD diario tiene como tareas clave:

  • Actividades que forman parte de objetivos de mi Roadmap del mes.
  • Actividades del día a día

Al igual que las tareas del día a día procuro terminarlas en plazos cortos, he de saber que las tareas del Roadmap pueden finalizarse en un plazo más amplio de tiempo, pero evitando salirme de él.

Es difícil tener unos objetivos marcados a largo plazo, más que nada, por que nunca sabemos cuantos baches podemos encontrarnos en el camino que nos impidan llevar un ritmo adecuado de trabajo. Lo importante es saber dónde queremos llegar, definir unas pautas para alcanzar la meta, ya que es más gratificante conseguir pequeños logros que nos hacen llegar al final del camino paulatinamente.

Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

Lo que tengo claro cuando elaboro esta hoja de ruta es que, jamás, jamás, dejo de lado las tareas a medio/largo plazo. Siempre intento sacar adelante algo de ellas, por muy poco que sea, por ejemplo: leer documentación, hacer esquemas, diseñar bocetos, tirar algo de código, etc. Cuando llegan las prisas, si no hay trabajo realizado, podemos repriorizar tareas equivocadamente por una mala gestión nuestra, y dejamos de compatibilizar las tareas clave con las diarias, esto no es aceptable, esto es un error, y por mi experiencia pasa factura. Quizá suene un poco zen pero somos nosotros quienes controlamos el equilibro, y por ello merece la pena dedicar tiempo a la reflexión y organización de nuestra labor.

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