Listas, acciones, tareas, obligaciones, responsabilidades, tareas para conseguir objetivos a corto plazo, medio, donde siempre obtengamos un beneficio para nosotros, que nos permitan alcanzar una meta y estar satisfechos con los resultados… ¿Cuántos de nosotros mismos tenemos listas sobre cosas para no hacer ‘nada’? ¿Somos todos conscientes de que el único elemento común de todo sistema GTD somos nosotros mismos? Si nosotros mismos no nos cuidamos no llevaremos a cabo un sistema correctamente. He conocido a personas, con tal capacidad productiva que han llegado a olvidarse de una parte del sistema, ellos mismos.

Hoy he leído este twitter de David Torné:

Me recomiendan: El arte de no hacer nada t.co/oQXLWBSB de @chreme y @maspeople #desconectar #productividad | Importante para recargar

No es sólo importante recargar, es vital, es necesario, es obligatorio. Hacer ‘nada’ es fundamental cada cierto periodo de tiempo.

Resulta, que en algún momento de mi vida, me definí tantas metas que dejé un poco de lado mi persona, simplemente, dejé un poco de lado tiempo para mí, para sentirme bien en otros aspectos que no fueran conseguir mis metas. Dejé de disfrutar momentos tan sencillos como, leer, escuchar mi música favorita, dar un paseo por el campo, o por la ciudad, salir a tomar café con amigas sin pensar en la hora de vuelta, darme un baño de espuma a la luz de las velas, todos estos momentos, eran momentos para descansar mi mente, liberarla de acciones, decisiones, opiniones, simplemente, estar desconectada.

El caso es que me plantee lo siguiente, ¿y si añado a mi sistema GTD una fase más? ¿y si tras la revisión semanal decido qué me toca hacer esa semana para desconectar? Lo que hice hace tiempo fue una lista de cosas que me permiten desconectar, cosas muy personales que sé que realmente me relajan y dejan nueva, que me recargan las baterías al 100%. Al igual que en nuestro sistema de productividad personal, me añadí en mi calendario personal, citas para llevar a cabo alguna de estas tareas y no olvidarme nunca de que, de vez en cuando, es necesario hacer ‘nada’ para que nuestra cabeza se libere realmente.

 

 

 

 

 

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